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1 332 m
331 m
0
26
52
103,91 km

Megtekintve 18 alkalommal, letöltve 0 alkalommal

közel Las Herrerías, Castilla y León (España)

Qué mejor que una etapa reina para olvidar un desengaño futbolístico. Qué mejor que subir O Cebreiro para recuperar esa moral maltrecha.
Pues ahí estaba yo a las siete de la mañana, de noche, y solo con un plátano en el cuerpo, saliendo de mi hotel con nueve kilómetros de ascensión por delante con rampas que llegan a un 17% de desnivel.
La idea es hacer la subida en solitario, pero cuando paso por el albergue de Juan, veo que tanto él como unos amigos vascos que ha conocido están a punto de salir. Yo hago marcha sin parar y les digo que ya nos veríamos en la subida.
Los primeros kilómetros son duros, me lo tomo con tranquilidad. Voy con mi luz delantera y no veo más que unos cuantos metros por delante. Veo que algunas luces vienen por detrás, acompañadas de voces. La sensación mola. Son Juan y el grupo de siete vascos. Intento no descolgarme y pese a que me cuesta, me pongo a rueda. Poco a poco me voy encontrando mejor y el grupo se parte, yo me voy con Juan y dos vascos en el grupo delantero. Me como una barrita por si acaso ya que la subida es muy larga. Poco a poco va amaneciendo y el día sin niebla y sin nubes nos permite disfrutar del paisaje. Tras una pequeña tregua en La Laguna llega el tramo final que es lo más duro. Pero lo subo sin problemas. Quizá esperaba más dureza.
No he pasado ningún cartel, pero, ¡ya estoy en Galicia! Qué fuerte.
Arriba, estamos a 4 grados. Quién me iba a decir hace una semana en Soria, a 40 grados, que iba a buscar el interior de un bar para entrar en calor.
Pues eso, Juan y yo decidimos desayunar. Me pido un café con leche y unas tostadas, y me ponen una barbaridad de pan. Cae sin problemas. Perdemos más tiempos de que toca, pero es que se está muy bien ahí dentro.
Después, vuelta al tarbajo y a por el Alto de Poio. Un par de repechillos por general y foto. Es sencillo en este sentido, porque al revés tiene que ser tela, ya que la bajada hasta Triacastela es de las buenas. Tanto, que vuelvo a perder a Juan que me espera en este último pueblo. Sellamos la credencial en una farmacia.
Unos kilómetros más adelante pasamos por el bonito Monasterio de Samos. Me hace gracia la gasolinera que tiene en la parte de detrás. ¿Hay necesidad?
En Sarria, después de algún sube y baja, decidimos parar a almorzar. Es un pueblo muy grande y con bastante trajín de gente. Nos damos algo de prisa porque nos quedan un montón de kilómetros. Juan tiene pensado quedarse en Puertomarín y yo en Palas do Rey. Me queda aún la mitad.
Al salir de Sarria la carretera vuelve a picar hacia arriba. Dejo que Juan se vaya. Son kilómetros duros. Entramos en la Ribera Sacra Lucense. El paisaje es típicamente gallego, con bosques de castaños y robles y sin más de 20 metros seguidos llanos. Paso Paradela y tras otra subida durilla llega un buen descenso que acaba en Puertomarín, el pueblo resurgido del Miño.
Con la bajada, Juan se viene arriba y decide seguir conmigo hasta Palas de Rey. Quedan 25 kilómetros, pero la carretera general ya pesa y se hacen muy largos, sobre todo los 12 primeros que son en continua subida. Así que, a falta de diez, en Ligonde, decidimos hacer la última parada para comer. Estamos realmente cansados.
Comemos ternera con patatas en una terracita con unos pájaros que no conocen la vergüenza. Estrella Galicia ya no es una opción, es una obligación.
Hoy he visto a algunos peregrinos más que otros días, pero no tantos como me decían que había por aquí. Lo que si hemos visto también son taxis que suben vacíos, y bajan llenos.
Después de comer, paseíto hasta Palas. La etapa ha sido bastante dura. Pero menos que la de Rabanal.
La habitación que he reservado (Casa Caminho II) está en una pensión muy urbana, no me gusta viniendo de dónde vengo, la verdad. Sin embargo, tiene una pulpería justo abajo en la que ceno con Juan. Pulpo a feira y caldo gallego. Cenamos bien y a muy buen precio. Salimos a 22 euros.
Hablamos de lo cerca que estamos y le comento a Juan que la etapa de mañana quiero hacerla en solitario, como he hecho el resto del camino. Por supuesto, lo entiende. Así que quedamos en vernos en la Plaza del Obradoiro.
En la cama, sigo pensando en lo cerca que lo tengo y en lo lejos que lo llegué a tener. Ufff la noche de Barracas, parece que haya pasado un mes. Qué barbaridad. Pero queda rematar. Partido a partido.

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