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819 m
696 m
0
13
26
51,67 km

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közel Sanzoles, Castilla y León (España)

Hmmmm. Hoy os cuento muy, muy poco. Nos apuntamos a última hora a esta marcha, porque Sergio estaba pendiente del triatlón de Zamora, pensando en que el recorrido sería parecido al de otra ruta de la zona (la Matacucos de Venialbo). Lamentablemente no tienen nada que ver. Lo bueno de esta de hoy es que es asequible para los que no lleven mucho en el mundo de la bici de montaña, puesto que la inmensa mayoría del trazado transcurre por caminos de concentración anchos y fáciles. Lo malo es que la inmensa mayoría del trazado transcurre por caminos de concentración anchos y fáciles. Es decir, es bastante aburrido. Solo una bajada pedregosa (creo que la llaman Bajada de los Moledores) en el km 42 y el recorrido alrededor del Teso de las Contiendas (junto con algún que otro sendero del principio que no sé situar) me han parecido divertidos. No sé, yo personalmente espero que una ruta organizada tenga algo más... Bueno, pues eso, como era una marcha asequible, empezamos a darle zapatilla (muy por debajo del nivel de los pros, eso siempre). Mejor dicho, Sergio le daba zapatilla y yo intentaba seguirle. Durante unos cuantos kilómetros lo he conseguido más o menos (porque él lo ha permitido, no porque yo anduviera sobrado), pero a partir de cierto punto (km 30, creo) en el que se ha enganchado a un tren que iba demasiado rápido para mí, he tenido que aflojar porque no podía con ese ritmo. Además he comprobado que mi estado de forma es, por lo menos, regular. En muchas de las cuestas (que no eran nada exagerado hoy), tenía que subir todos los piñones y bajar la velocidad porque mi corazón no daba más de sí. Sergio insiste en que son paranoias mías, pero yo creo que no, que será asma, anemia, o simplemente que mi cuerpo no está bien preparado. El caso es que antes subía mejor y ahora me cuesta. Así que fiel a la tradición, mi compañero se iba adelantando poco a poco hasta perderse de mi vista y cuando le parecía se paraba para volvernos a juntar. Y así, tras muchos kilómetros de rodar y rodar, alternados con otros tramos de bancos de arena infumables, llegamos a meta a una hora temprana: las 12 de la mañana aproximadamente. Llegando tan pronto, cabría pensar que nos esperaba una ducha de agua caliente, pero como 66 personas habían entrado en meta antes que nosotros y solo había dos tristes duchas con un termo eléctrico... no me duché. Lavado de gato y a tomar unas cervezas (sin alcohol, ahora es tendencia, aaaahhh) y unos pinchos con Sergio y con David, del que aprendimos unas cuantas cosas. Luego a comer. ¿Y qué tal la comida? Pues mal, muy mal. Era una ensalada de arroz (eso bien) pero estaba hecho un verdadero engrudo que costaba tragar (os lo prometo). Las aceitunas buenísimas, eso sí. Y la nectarina también. Café y para casa. Mucho tienen que cambiar las cosas para volver.

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