Letöltés

Hossza

51,53 nm

Szintemelkedés

828 m

Nehézségi szint

Nehéz

lefelé

850 m

Max elevation

538 m

Trailrank

51

Min elevation

491 m

Trail type

One Way

Idõ

3 nap 6 óra 59 perc

Koordináták

15992

Uploaded

2022. március 22.

Recorded

március 2022

Create your Trail Lists

Organize the trails you like in lists and share them with your friends.

Get Wikiloc Premium Upgrade to remove Ads
Create your Trail Lists Create your Trail Lists
Be the first to clap
Share
-
-
538 m
491 m
51,53 nm

Megtekintve 136 alkalommal, letöltve 3 alkalommal

közel El Rincón, Chubut (Argentina)

Se trata de una travesía en kayak con grado de dificultad alto y en la que hay que tener en cuenta no solo las exigencias técnicas de navegar en aguas abiertas, los vientos extremos y repentinos propios de la Patagonia, el riesgo de hipotermia al estar sumergido en aguas frías y niveles de corrientes en los ríos a las que yo no estaba para nada acostumbrado. También hay que respetar al entorno natural y atenerse a las reglamentaciones ya que se navega casi todo el trayecto dentro del Parque Nacional los Alerces, esto es importante y se deben planificar cuidadosamente los lugares para acampar y las alternativas en caso de que las condiciones meteorológicas no permitan llegar a destino. Por suerte contábamos con la baquía de Carlos Villafañe viejo amigo, compañero de travesías varias y experimentado guía de la zona.
Los lagos que navegamos fluyen desde la cordillera y de Norte a Sur descargando sus aguas en el Pacífico por el río Futaleufú (o Grande como le dicen los locales). La intención era zarpar lo más al Norte posible para aprovechar al máximo la remada. Hicimos base en Esquel donde se cuenta con todas las facilidades para aprovisionarse y armar el equipo. El domingo 13 recorrimos los 160 Km que separan Esquel del camping Lago Cholila, el recorrido es por camino asfaltado en buenas condiciones por la mítica Ruta 40, después se desvía a Cholila por la RP71 y por último hay que tomar un desvío de ripio de 12 Km hasta el Lago. El desvío es angosto y pedregoso pero transitable por un vehículo normal, siempre y cuando los vados no estén crecidos.
El Camping Lago Cholila es un excelente punto de salida, es muy amplio, con todos los servicios de un buen camping, conseguimos leña y el costo de $1000 es razonable a lo que se paga en la zona. Cuando estuvimos en 2020 aprovechamos para tomar un día explorando el Lago Cholila, el lago tiene 11 Km de longitud y se destacan una mansión de un millonario francés que solo tiene acceso por el lago y el río Tigre, qué a diferencia de su homónimo, tiene las aguas de un color turquesa impresionante. Hay que tener en cuenta que en la Patagonia los vientos predominantes corren de Oeste a Este, como el lago tiene esa orientación cualquier ventarrón va a correr a sus anchas y nos va a pegar de proa o de popa con pocas posibilidades de conseguir refugio en las costas.
Esta vez elegimos salir directamente aguas abajo por el río Carrileufu, pero eso sería a la mañana siguiente. Por ahora nos dedicamos a asar la primera porción de vacío en el fogón alimentado por abundante leña. Armamos campamento preparamos los equipos para zarpar lo más temprano posible, porque sería un día largo. La noche fue apacible, fresca y casi sin viento, amanece tarde y con mucho rocío, los leños que separamos la noche anterior sirven para arrancar el fogón a pesar de la humedad. Un desayuno bien consistente con galletas, fruta y café con leche. Preparamos los termos con té caliente levantamos campamento y zarpamos a eso de las 10 hs. Un poco más tarde de lo previsto pero muy bien acomodados, el día estaba fresco húmedo y algo nublado. El objetivo era navegar todo el río Carrileufu de unos 27 Km de extensión y acampar en el Parque en Puerto Cañero. De todo lo que hicimos el Carrileufu es lo que tiene menor dificultad técnica, lo más traicionero que hay es el primer rápido, apenas saliendo. El cauce se angosta al costado de un pedrero y la corriente pega contra unos sauces. Por suerte el caudal del río estaba de normal para arriba por las recientes lluvias, así que no tuvimos tampoco ningún “panzazo” un alivio para nuestros SDK Neko de los 90’s de fibra. El Carrileufu discurre por un territorio que no es Parque Nacional, todas las costas son propiedad privada y hay muchas casas cerca de las orillas. Las construcciones típicas de la Patagonia son parte del paisaje privilegiado que disfrutamos, compartimos el río con pobladores locales y con pescadores que flotan con la correntada en balsas, tratamos de pasar lo más sigilosamente posible cruzamos un saludo y seguimos viaje. Hacemos alto en un pedrero para tomar un almuerzo liviano y seguimos viaje. Enseguida nos encontramos con una balsa que cruza el río, sujeta por un grueso cable de acero para soportar la corriente hay que esquivarla contra la orilla donde el cable se despeja lo suficiente del agua. ¡Y por favor no agarrarse del cable eléctrico!!! Pasada la balsa hay otro lugar increíble que es un meandro cortado muy habitual en los ríos de llanura y que en este caso está tapizado de sauces y plantas acuáticas, parecemos estar remando en un acuario con la transparencia del agua. Arrimando a lago Rivadavia el río discurre por una llanura, se pueden ver patos y bandadas de Cauquenes (Avutardas como le llaman los locales). En una vuelta a la derecha se pueden ver una cortina de álamos piramidales, es el Camping Abuelo Daniel buena alternativa para quedarse si el tiempo pinta complicado para seguir. Nosotros seguimos, ahora había sol y una agradable temperatura por encima de los 20°C pasamos el poblado de Villa Lago Rivadavia sobre la margen izquierda y avanzamos hasta una playa a unos 900 m de la desembocadura. Reparado del viento, pleno sol, de remera y bermudas parecía una playa del caribe. Aprovechamos para juntar buena leña que en los campings escasea y a ponerme el cubre porque en un rato salíamos al lago. El extremo del lago Rivadavia es una zona conflictiva particularmente expuesta a los vientos y como la salida del Carrileufú es hacia la orilla opuesta para arrimar al camping hay que hacer un cruce por aguas abiertas. Acá vale la experiencia de Carlos que desde una playa caribeña anticipa problemas, me cuesta creerle…
Salimos al lago y empieza un poquito de viento, más viento, más viento y casi que nos volamos. El sol seguía brillando y las olas se nos venían de frente sin respiro. A pocos metros de distancia no se escuchaba lo que nos decíamos y los salpicones de la proa me pegaban en la cara. Lo recuerdo bien porque el agua estaba bastante fría. Nos tomó un buen rato arrimar a la orilla izquierda del lago, que no ofrece mucho reparo y encima al superar cada punta rocosa el viento nos pega con más intensidad. Llegamos luego de más de una hora de pelea para hacer esos últimos 5 Km y recalar en la playita de la parada de casas rodantes de Puerto Cañero. Ya descansados y al reparo de la ensenada y el bosque nos tomamos una buena merienda, armamos el campamento, secamos algunas cosas que se mojaron en el tambucho de proa. Una vez con todo acomodado me hice una breve caminata hasta el portal del Parque Nacional, allí hay que abonar el ingreso al Parque y registrar la navegación del día siguiente por el río Rivadavia (El registro es obligatorio por disposición de PN) Tuvimos que pedir una excepción para acampar en ese lugar porque lo han modificado a “uso diurno” pero no hay problema para próximas veces porque ahí nomás hay un camping habilitado. Como estaba el lago no íbamos a salir de vuelta.
Al atardecer el lago se calmó de nuevo el sol brillaba como siempre y la marejada de las horas previas se había esfumado. Después de una siesta reparadora, armamos un buen fuego (por suerte habíamos traído la leña!) y calentamos el resto del vacío de la noche anterior, asamos unos vegetales, y la completamos con un revuelto de arvejas y huevo con panceta. A eso de las 11 cuando ya estábamos durmiendo apareció un compañero de camping, tenía media hectárea pero se puso a 5 metros de nuestra carpa, le faltaba aceite a la bisagra de la puerta y sus gustos musicales no coincidían con los nuestros. Por eso cuando salgo en kayak lo último que hago es parar en un camping, pero acá no hay otra.
La segunda jornada era la más corta, arrancó sin viento y con un sol alucinante. Prendimos fuego, desayunamos copiosamente y zarpamos aguas abajo por el Rivadavia. El lago era un espejo, tomamos unas fotos, pasamos la isla y cortamos la última ensenada hacia la entrada del río Rivadavia. Ahí hay otros dos campings muy buenos, pero eran las 10 de la mañana. Paramos en una playita antes de entrar al río, de canto rodado con un césped sumergido de color verde brillante. Aprovechamos para picar algo y hacer una breve caminata por un bosque de inmensos Coihues. Nos preparamos para entrar al Rivadavia, de los ríos es el más complicado técnicamente, el caudal es muy superior al Carrileufú y corre mucho más encajonado entre montañas y bosques. El paisaje es maravilloso, pero hay que estar atentos, es angosto y hay muchos troncos y ramas semisumergidos. El primer paso complicado está en la desembocadura del arroyo Colegual a unos metros de la entrada, si bien se puede pasar navegando, decidimos portear por seguridad. El piedrerío que arrastra el arroyo bloquea el cauce del río, la corriente fluye acelerada por un angosto paso bordeado de troncos y arboles caídos, de quedar atrapado ahí el accidente puede ser grave. Con la misma prudencia sorteamos navegando varios pasos difíciles, pero no tan peligrosos. El Rivadavia es más corto y rápido que el Carrileufú son cerca de 9 Km y se llega al lago verde, una lástima que se acabe tan pronto. Desembarcamos en la desembocadura en una playa paradisíaca, sin una gota de viento y a pleno sol. Marchamos una picada completa con varios quesos, salame, maní, nueces, aceitunas, etc. ¡Extrañamos una buena botella de tinto! Nos pegamos una siesta corta, zarpamos tranquilos y como había tiempo rodeamos el Lago Verde por la margen derecha. Se ven todas las laderas cubiertas por bosques, unos acantilados de piedra y una playita dónde quedan restos del viejo muelle donde arribaba la excursión lacustre hace unos años. El lago Verde es pequeño y calmo, en un rato estábamos entrando en el Río Arrayanes. Sin desmerecer a lo demás el Arrayanes es, ancho, apacible y destella unos reflejos turquesa nunca vistos en otro lado. El color contrasta con la corteza anaranjada de los Arrayanes en las orillas que estaban estallados de flores blancas. El tiempo seguía impecable, tal es así que armamos el campamento en una parcela cerca del agua y Carlos se sacó las ganas de zambullirse en el río. Ya nos quedaba poca leña así que emprendimos una caminata para conseguir unos troncos. Yo aproveché que teníamos todo encaminado para ir a darme una ducha caliente, la ventaja de los campings. Nuestro modo de viajar por agua atrajo la curiosidad de varios compañeros, así que aprovechamos para sociabilizar un poco. El camping estaba muy concurrido, pero por suerte con una onda bastante tranquila. La nota divertida fue cuando alguien olfateó la segunda pieza de vació que se asaba en la parrilla y nos vino a preguntar dónde habíamos comprado la carne. Y, en Esquel. La ventaja de contar con cientos de litros de capacidad de carga en los kayaks.
Aprovechamos el descanso de la noche y la comodidad del camping para levantarnos temprano y armar un buen desayuno con huevos revueltos, panceta, frutas y el infaltable café con leche. ¡Las Calorías nos iban a hacer falta! Despues de una recorrida de breve de observación de aves, pude registrar algunas Cachañas unos loros patagónicos, una bandada de Codornices de California y casi al lado de la carpa el escurridizo Huet Huet que fue lifer. Zarpamos muy relajados en mañana nubosa, aguas abajo por el Arrayanes, la idea era llegar al sector de camping que hay en la senda que va hasta la Hostería de Lago Krugger a unos 20 Km de navegación. No había viento, a tal punto que salí sin cubrecockpit, una prenda que utilizo lo menos posible. Si bien ese brazo del lago discurre de norte a sur, Carlos me anticipa que los vientos nos van a pegar desde popa, quizás por una leve inclinación al Este que se ve al mirar el mapa. Cortamos por el medio la primera ensenada y como se estaba levantando una brisa paré en una playa a ponerme el cubre, tomamos un te caliente y seguimos tranquilos. En cuestión de minutos el viento fue aumentando de una manera violenta. Nos pegaba de popa. Cuando estaba pasando la segunda punta miro por arriba de mi hombro izquierdo y a unos metros por el medio del lago se estaba volando el agua, parejito como una capa de niebla sobre la superficie. Le pego el grito a Carlos y miro de vuelta y ahí nomás se arma una tromba, se puso jodido el asunto. Por suerte el viento venía sectorizado, pero era cuestión de tiempo para que nos alcance. Pudimos pasar la punta frente a Playa del Francés, nos castigó todo el tramo siguiente y cuando llegamos a la punta que está frente a Punta Matos nos alcanzó de pleno. Un par de ráfagas nos obligaron a agazaparnos, hacer un apoyo bajo y aguantar la pala mientras el viento y el agua volando nos pasaban por arriba. Nunca había visto nada parecido. Al doblar la punta y encarar hacia el estrecho los cerros nos hacen de reparo, la costa es escarpada y boscosa. Una pequeña playita muy tentadora me invitaba a desembarcar, pero Carlos prefirió seguir. Buena decisión porque arrimamos más al Krugger. En el camino nos cruzamos con otro guía, Martín que traía de vuelta dos dobles con turistas, ellos habían pasado bien, pero con este viento el Krugger se pone imposible. Llegamos a una ensenada con césped, el sol daba a pleno y reparo hacía que el ventarrón se transforme en suave brisa. Almorzamos los restos del vacío fríos con una picada y frutas, alcanzó el tiempo para descansar tomando sol sobre unas rocas, otra vez estábamos de bermuda y remera. Ahí nomás a la vuelta el cartel indica que ingresamos al estrecho de los Monstruos, una angostura que comunica el lago Futalaufquen con el lago Krugger y que corre a favor. Al ingresar al Krugger me percaté que el viento seguía tan intenso como antes, avanzamos un poco entre unos juncales y al reparo de la islita y Carlos decidió abortar el tramo hasta la hostería. Estábamos a menos de tres Km y yo si hubiera estado solo me hubiera mandado diez veces, ese es el valor de contar con guía local, saber cómo pega el viento no tiene precio. Ya me percaté que la situación puede cambiar en el orden de minutos y metros. Así que feliz de haber conocido un nuevo lago patagónico en muy buena compañía nos dispusimos a regresar sanos y salvos. Aunque fuera más largo elegimos la misma orilla reparada para regresar. Nos llevó bastante tiempo que amenizamos conversando, el cielo se había encapotado y desde la cordillera amenazaba lluvia. Llegamos a Punta Matos y el cruce del estrecho fue un paseo, el viento se había calmado y como en esa zona no se puede acampar (es de uso diurno) decidimos seguir hasta Bahía Rosales unos 6 Km por la misma orilla del lago. Apenas empezamos a remar arrancó la lluvia y el viento que venía de popa fue tomando mayor intensidad, en unos minutos otra vez estábamos haciendo apoyo para aguantar las ráfagas y la nube de agua volando nos pasaba por arriba. De tanto en tanto miraba hacia atrás y las nubes bajas y la lluvia iban tapando los cerros. En un rato la teníamos encima. Para peor la costa que a la mañana eran amigables playas, ahora eran paredes de piedra casi verticales, donde el oleaje pegaba y rebotaba haciendo una resaca muy difícil de llevar. Solamente una pequeña ensenada nos dio respiro para tomar aire picar algo y encarar la segunda mitad del recorrido que se avizoraba más complejo porque las olas ya venían con más recorrido y nos empezaban a pegar medio de costado. Al llegar a la quebrada del León la orilla vuelve a ser playa y aunque las olas son grandes ya no rebotan, solo faltan algunos cientos de metros para recalar sanos y salvos en una playita reparada en el camping agreste de Bahía Rosales. La etapa se alargó poco más de 10 Km y con el esfuerzo estábamos algo cansados. Armamos el techo salvador y esperamos que la lluvia se calme para armar campamento, contrariamente a lo previsto la lluvia no solo no se calmó, sino que se puso peor, diluviaba de tal manera que no dábamos abasto a sacar el agua que se juntaba en el techo improvisado. A pesar de estar bien equipados yo ya tenía un poco de frío, pero al anochecer paró la lluvia, pudimos ir a anunciarnos a la proveeduría, nos conectamos con wi-fi por primera vez, pudimos tranquilizar a los amigos de Esquel que estaban preocupados. Nos dio el tiempo justo para armar la carpa y avanzar un guiso de lentejas que terminamos comiendo sentados en la puerta de la carpa mirando la lluvia. Bien comidos y abrigados dormimos a pata suelta, el viento y la lluvia no aflojaron en casi toda la noche, pero al amanecer ya se había despejado un poco. Desayunamos, ordenamos las cosas y emprendimos una caminata hasta Quebrada del León un lugar en el que solía acampar hace muchos años y que ahora es de uso diurno. Preparamos un buen almuerzo, un risotto, hicimos sobremesa, café y salimos muy tranquilos para sortear los últimos 10 Km del lago Futalaufquen hasta la Villa. Para que no nos vaya a agarrar mal parados el viento, cruzamos derecho frente a Bahía Rosales. Otra vez los acantilados, pero ahora casi sin viento y con un sol brillante que nos daba calor. Daba pena ver los bosques quemados con los incendios de 2015 que todavía no tienen miras de recuperarse. Las laderas estaban tapizadas de Aljabas florecidas, de Reinas Moras y Mutisias, pero no se vehían renovales de Coihues y Cipreses después de 7 años de los incendios. Pasamos puerto Limonao, un lugar que no conocía y seguimos viaje pegados a la orilla. Pasamos el galpón de madera sobre el agua y con los tradicionales techos de tejuelas de Alerce, donde guardan las lanchas de Parques y Prefectura. Y en un rato estábamos llegando a la playa pública de Villa Futalaufquen felices de que el lago nos haya castigado un poco, pero nos haya dejado navegar sanos y salvos casi 100 Km de sus cristalinas aguas. Todavía nos quedan pertrechos para armar una merienda digna de la ocasión, mientras esperamos que Laura no venga a buscar, vamos preparando la edición 2023…
Kemping

Punto de salida Camping Cholila

  • Fénykép Punto de salida Camping Cholila
  • Fénykép Punto de salida Camping Cholila
Zarpamos por el río Carrileufu, muy buen lugar
Risk

Rápido Peligroso

  • Fénykép Rápido Peligroso
  • Fénykép Rápido Peligroso
  • Fénykép Rápido Peligroso
Si bien no son complicados los rapidos de por sí, tratandose de un travesía cargado y con la cantidad de palos que hay en este decidimos portear por seguridad
Waypoint

Puerto Limonao

Waypoint

Playa

Waypoint

Pasarela Río Arrayanes

Risk

Balsa

Hay que estar atentos a los cables que cruzan el río
Waypoint

Parada Almuerzo

  • Fénykép Parada Almuerzo
Strand

Llegada a Villa Futalaufquen

  • Fénykép Llegada a Villa Futalaufquen
  • Fénykép Llegada a Villa Futalaufquen
Waypoint

Galpón Lanchas

  • Fénykép Galpón Lanchas
Waypoint

Entrada Estrecho de los Monstruos

  • Fénykép Entrada Estrecho de los Monstruos
Waypoint

Desvio Peligroso no entrar

Kemping

Campamento 3 Bahía Rosales

  • Fénykép Campamento 3 Bahía Rosales
  • Fénykép Campamento 3 Bahía Rosales
  • Fénykép Campamento 3 Bahía Rosales
Kemping

Campamento 2 Río Arrayanes

  • Fénykép Campamento 2 Río Arrayanes
  • Fénykép Campamento 2 Río Arrayanes
  • Fénykép Campamento 2 Río Arrayanes
Kemping

Puerto Cañero

  • Fénykép Puerto Cañero
  • Fénykép Puerto Cañero
Camping de uso diurno para la próxia hay que avanzar unos metros hasta el camping organizado
Waypoint

Boca Río Rivadavia

  • Fénykép Boca Río Rivadavia
  • Fénykép Boca Río Rivadavia
Waypoint

Balsa

Waypoint

Almuerzo 2

  • Fénykép Almuerzo 2

Hozzászólások

    You can or this trail