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4,5
9,03 km

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közel Manilva, Andalucía (España)

Ruta al Canuto y Torcal de la Utrera y Baños de la Hedionda.
Hoy vamos a visitar uno de esos lugares que queda a la sombra de otros con más fama.
Es el caso del Torcal de la Utrera que es una réplica espectacular del Torcal de Antequera, lugar emergido de las profundidades del océano formado por un laberinto de relieve kárstico, el más meridional de Europa, situado en la sierra del mismo nombre. Este paraje está ubicado en la Sierra de la Utrera, en el municipio de Casares, al oeste de la provincia de Málaga.
Este pequeño e interesante conjunto kárstico, está atravesado por 3 valles encajados y paralelos a la costa, llamados canutos, de gran belleza paisajística y un cuarto más abierto. Además, sus estratégicas condiciones como refugio y atalaya de vigilancia lo han hecho ser habitada desde época paleolítica y en distintos momentos de la prehistoria e historia (poblamiento discontinuo), es también un magnífico observatorio de los pasos migratorios de las aves, pudiéndose contabilizar muchas especies de difícil observación en la mayor parte del territorio andaluz (cigüeña negra, garcilla cangrejera…). Estos hechos se ponen de manifiesto por la gran cantidad de restos y yacimientos arqueológicos que se han hallado en este pequeño torcal.

La ruta transcurre encajonada entre grandes paredes calizas no tiene una gran dificultad por lo que es apta para todos los públicos. El espacio, por sus condiciones morfológicas, con multitud de refugios, y botánicas, presenta unas condiciones óptimas para el desarrollo de la fauna silvestre.
La vegetación predominante es de pino carrasco, adelfas, algarrobos, sabinas y algún palmito en las laderas del camino, tenemos asociaciones vegetales importantes, así como el único sabinar costero conocido sobre calizas, pero si quieres saber la flora que nosotros vimos y destacamos, visita el siguiente blog:
• LAS PLANTAS DE MIS EXCURSIONES.

En la segunda parte de la ruta vamos a visitar y hacer uso de los Baños de la Hedionda.
Baños de la Hedionda: Los conocidos como Baños de la Hedionda constituyen uno de los hitos históricos del macizo de la Utrera y en general de todo Casares. Su peculiaridad como Baños Sulfurosos y lo dilatado de su aprovechamiento por el hombre desde tiempos históricos han venido a enriquecer su papel no sólo como realidad histórica y científica, sino como elemento cultural de primer orden, que ha debido influir en el acervo cultural del pueblo desde muy antiguo, y que goza además de una situación geográfica idónea en el marco de un territorio particularmente rico en actividades humanas desde la antigüedad.
Los baños cuentan con multitud de leyendas que intentan dar respuesta a su origen. Una de ellas reúne los elementos mágico-creenciales típicos en tales casos: según cuenta, el demonio que habitaba en esta agua exhaló el último suspiro al ser expulsado por Santiago, lo que confirió al agua su olor a azufre. Esta leyenda es recogida por múltiples autores, viajeros todos, algunos de los cuales introducen ciertas modificaciones. Sin embargo, la más popular es la que le atribuye un noble origen histórico: el año 61 a.C., las tropas romanas se encontrarían acampadas en aquella zona dispuestas a enfrentarse con las de Pompeyo y, encontrándose infectadas de sarna, hallarían alivio bañándose allí; aunque, según otros, el propio Julio César curó de una infección herpética y mandó construir los baños que hoy se conservan.
Lo que sí es cierto es que desde los más antiguos tratados geográficos en los que se habla del municipio de Casares se hace referencia a las propiedades curativas de la fuente de la Hedionda y su localización.
Sea como fuere, la importancia histórica nos viene dada por el recinto balneario, inicialmente romano en su captación y adaptación al uso de la fuente. Remodelaciones posteriores, fruto de la variación en los niveles de caudal del venero hace que los árabes retoquen su estructura y amplíen sus muros y canalizaciones, sacadas a la luz en la última intervención arqueológica en los inicios del 90. Además, a partir del año 2016, estos baños cuentan con piscinas naturales.
El conjunto de los baños se completa con obras desde el XVII hasta fines del XX, aún conservadas en parte. Aunque la entidad de los restos encontrados, pudieran parecernos poco acordes con la magnificencia romana en este tipo de construcciones, los estudios realizados parecen confirmar este origen romano, si bien se deben haber producido algunas alteraciones de la primitiva estructura.
Para evitar la masificación, el Ayuntamiento de Casares ha puesto en marcha una serie de medidas entre las que destaca la limitación del aforo en el recinto a 24 personas, por lo que será obligatorio realizar una reserva para acceder al mismo en horas puntas, establecidas de 12.00 a 19.00 horas desde el 2 de julio al 9 de septiembre.

Para comenzar la ruta, saliendo desde Málaga, nosotros como últimamente solemos hacer nos dirigimos hacia Marbella por la carretera de Coín, es decir, salimos por la Autovía del Guadalhorce A-357, hasta desviarnos por la A-355, hasta Marbella, aquí tomamos la A-7, después de 38 kilómetros cruzamos el río Manilva y tras pasar el Supermercado Lidl, tomamos a la derecha y a unos 4 kilómetros tenemos los aparcamientos donde dejaremos el coche.
Como nuestra intención es comer y darnos un baño en los Baños de La Hedionda vamos a dejar gran parte del contenido de la mochila en el coche, para recogerlo a la vuelta de la visita al Canuto y Torcal de La Utrera, así que comenzamos a caminar siguiendo el carril, a los pocos metros otros carteles nos informan que no podemos avanzar con el coche, nosotros continuamos andando y llegamos al cartel informativo de la ruta, (intersección 1) a la derecha continua el carril hacia los baños pero nosotros ahora tomamos por la izquierda para adentrarnos en el pequeño valle, poco a poco se va estrechando y las paredes se acercan una a otra y podemos observar las aves como anidan en estos farallones de piedra.
Un poco más adelante entramos en el bosque de rivera y encontramos unas grandes lozas de piedra puestas en el suelo y nos damos cuentas que estamos en una segura calzada romana utilizada para bajar a los baños desde la ciudad romana de Lacipo, un poco más arriba volvemos a ver los bloques de piedra situados para formar la calzada, aunque debido a las muchas riadas que han tenido que bajar por aquí, se encuentran trozos muy destruidos.
Cuando el canuto se empieza a abrir, mas o menos a mitad de camino nos encontramos dos albercas, que ahora están vacías, y tras avanzar unos metros más aparece de nuevo un carril de tierra y enseguida un cartel informativo. Seguimos avanzado por el carril y llegamos a la intersección 2, a la derecha la vereda por donde vamos a subir al torcal, pero ahora seguimos por el carril de la izquierda para acercarnos al pequeño nacimiento de agua origen de este valle, estamos en la zona conocida como “Los Llanos”, junto a la surgencia encontramos un monolito de piedra que recuerda a una senderista.
Volvemos hacia la intersección y comenzamos a subir hacia el torcal, nosotros seguimos el track que llevamos en el gps, que nos conduce hacia el este y tras dar una vuelta y observar algunas formaciones decidimos retornar hasta que encontramos una vereda que nos conduce hacia el sur, esta nos conduce hasta el mismo desfiladero desde donde tenemos unas muy buenas panorámicas, esta misma vereda nos cambia de dirección ahora hacia el oeste y nos va bajando hasta el carril, no sin antes pasar por los restos de una pequeña cantera.
De nuevo en el carril iniciamos la bajada por el mismo lugar que de subida hasta llegar a la intersección 1, nosotros paramos el gps, regresamos al coche y cogemos las toallas y la comida y regresamos a la intersección. Volvemos a encender el gps y seguimos por el carril, dejamos atrás la Ermita de San Adolfo y unas casas unos pocos metros más adelante tenemos el pequeño edificio que esconde en su interior los Baños de la Hedionda.
Antes de entrar bajamos por hacia el Río de Manilva, para maravillarnos con el color de sus aguas de un intenso color celeste, bajamos un poco más hasta llegar al pequeño acueducto que lo atraviesa, hacemos algunas fotos y regresamos al edificio de los baños, donde paramos a comer ya disfrutar de sus aguas sulfurosas.
El regreso por el mismo camino.

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