Koordináták 495

Uploaded 2011. október 24.

Recorded október 2011

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  • Scenery

     
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766 m
527 m
0
3,9
7,7
15,41 km

Megtekintve 4274 alkalommal, letöltve 32 alkalommal

közel La Carolina, Andalucía (España)

Ultima etapa del GR-48 que desde Portugal, recorre Sierra Morena por el norte de Huelva, Sevilla, Córdoba y Jaén.
Pusieron un poste de esos indicativos de final e inicio de etapa justo a la entrada de La Carolina, allí donde el Hotel La Perdiz y La Gran Parada dan la bienvenida al viajero. Poca gente recuerda que hace años la historia era otra. La Gran Parada se llamaba Las Perdices, pero llegó el poderoso y acuñó el nombre. De allí mismo parto, del mismo lugar al que se llega procedente de Baños de la Encina, sobre la antigua nacional IV, paso junto al monumento que hicieron a la batalla de las Navas de Tolosa donde destaca en el grupo arquitectónico Martin Alhaja o Halaja, el pastor sobre el que la historia no se pone de acuerdo y que parece que indicó el camino a las tropas cristianas para evitar la emboscada almohade.
Rozo después el paseo de la Inmaculada Concepción (de la Virgen) y giro al final del mismo a la izquierda para cruzar el polígono industrial por entre naves, algunas a pleno rendimiento, vacias y abandonadas otras. Esta larga recta desemboca en el antiguo camino a la Aquisgrana, importante complejo minero sobre el que se proyecto un ferrocarril que nunca llegó a transitar. Los puentes se quedaron a medias, con los pilares si unir, tanto este como el del Renegadero, pero el trazado con sus trincheras y apeaderos están ahí, testigos de lo que quiso ser y no fue.
Tomo el camino ahora asfaltado, tras un corto repecho donde han puesto un huerto solar, paradigma del futuro, junto a una vaquería vestigio del pasado, comienzo un continuado descenso desde el cual se me abre la imagen que tengo grabada en la memoria, que puedo recordar fácilmente sin necesidad de estar allí porque he estado tantas veces que podría enumerar cada parte en cualquier momento. A la derecha, lo primero que llama la atención es la chimenea del castillo, que saluda altiva a quién se adentra en Andalucía procedente de la meseta. A la izquierda de esta ese resalte rocoso que dicen fue un torreón de observación y vigilancia árabe, continuidad de Castro Ferral, el Torreón del Aguila, aunque para nosotros siempre fue el Castillo de los Moros, lugar de correrías infantiles, de cuando entre chiquillos se difundía el rumor de que estaba comunicado mediante un pasadizo con el Palacio del Intendente Olavide. Abajo, las ruinas de un pasado prospero, la mina de la Rosa, emporio minero que sucumbió a mediados del siglo anterior tras exprimir sus entrañas.
Está amaneciendo, las reses buscan que los primeros rayos solares les calienten el lomo.
Llego a la puerta donde el camino penetra en la dehesa. No tengo mucho que esperar, enseguida llega el autobús que trae de Santa Elena a los compañeros que seguiremos el camino. Distingo a Juan Carlos en la delantera, y Martín también desciende.
Saludos, atendemos a recibir las explicaciones de los monitores y alguien me llama, ¡je! Hacía una semana que no nos veíamos, nos conocimos allí en Cazorla, tomando un café, con prisas, yo me iba a buscar un pino, y él, Vazquez, se iba en busca de los Templarios. Junto a algunos compañeros del club La Pandera, se disponían a cerrar este GR con alguna variante que, casualmente, hice tiempo atrás. Conversamos, era lo mejor que podíamos hacer en un lugar como aquél. Fue un placer disfrutar de su compañía.
Comenzamos a caminar con la incertidumbre de encontrar ganado a nuestro paso, yo los vi arriba, tomando los primeros rayos del día. Tras bajar al arroyo pasamos junto a un apeadero aún en pie, con su eucalipto. Ascendemos un fuerte repecho y estamos frente a la Rosa, allí nos cuentan la importancia de este enclave y la trascendencia que tuvo para la comarca encima nuestro Castillo, atalaya de juegos, destino de guerras ficticias.
Nos alejamos de la mina circulando paralelos al castillo, por abajo, entre dos cercas que nos protegen de los “mihuras” de Orellana Perdiz
El camino nos lleva a las puertas de este complejo hotelero y ganadero que se ganó la fama gracias a su perdiz escabechada .
Desde allí, tocando la autovía de andalucía, giramos de nuevo hacia el interior, rumbo N pasando por unos establos y corrales de caballos los cuales, ante nuestra presencia, se inician en carreras y polvoredas, relinchos y agitación, no se si por desasosiego o por alegría.
Remontamos una vaguada cubierta de pinar de repoblación y nos plantamos en la carretera que se dirige a la Aliseda y Santa Elena. Evitamos el asfalto en algunos tramos pero es necesario continuar pisándolo ante las cercas que a uno y otro lado impiden una alternativa más natural. En una curva, se aparece súbitamente esa roca granítica, equilibrada perfectamente sobre otra con la forma inconfundible de un zueco, nuestro peñón del zapato vigila estrechamente al viandante como si pidiera peaje al paso.
Por allí, a la izquierda, sobre la loma nos queda la mina del Melocotón, del grupo de la Rosa y del Castillo. Caminando tediosamente, aliviado por la conversación de los compañeros llegamos, por fin, al primer puente de piedra. Estamos en la Aliseda.
Justo allí, abandonamos el asfalto y tomamos una bella sendica que nos conducirá junto al río de La Campana plácidamente por entre una densa vegetación de ribera, alisos, fresnos, avellanos, chopos, engrandecida por el otoño con sus intensos contrastes hasta el área recreativa donde hacemos estación de parada y fonda para descansar (¿...?) y reponer energías.
Antes de llegar, al otro lado del río apreciamos las ruinas de lo que fue en su momento, siglo XIX y primer cuarto del siglo XX uno de los más afamados balnearios del país. Sus aguas azoadas eran especialmente recomendadas para los problemas respiratorios: Tisis, asma, pleuresía, ... buscaban remedio en estos lugares.
Tras recargar energías y pasear por la amplia llanura del área recreativa, emprendemos de nuevo camino tomando el antiguo que subía a Santa Elena. Aquí se perdieron nuestros amigos de La Pandera ascendiendo por la vía romana, paralelos al rio de La Campana camino de Miranda del Rey.
Cual es mi sorpresa que al poco de su inicio encontramos una puerta metálica y una valla que nos obliga a tomar un cortafuegos paralelo a la finca que queda en el interior ¿De nuevo un camino viejo y tradicional usurpado por particulares?...
Los cuatro kilómetros que nos quedan los completamos por este cortafuegos, auténtico subeybaja que nada tiene que ver con el cómodo trazado del viejo camino, para eso lo hicieron. Por fin, pasando por la puerta del Chozo de los amigos Garrido nos plantamos en Santa Elena, final de etapa y de sendero.
Esperabamos recepción por la banda municipal, traca y fuegos artificiales para celebrar la primera promoción en recorrer el sendero. Tuvimos que conformarnos con el amble regalo de la organización de una bonita camiseta alusiva al GR y una practica vara de caminante. Lo demás, los tercios fresquitos fueron deferencia de Juan Carlos que para eso estábamos en sus dominios por consorte.

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Intersection

A LA AQUISGRANA

A LA AQUISGRANA
Mine

MINA LA ROSA

MINA LA ROSA
Waypoint

EL MESON

Intersection

CORTAFUEGOS

CORTAFUEGOS
Picnic

LA ALISEDA

LA ALISEDA
Híd

PUENTE

Waypoint

PEÑON DEL ZAPATO

PENON DEL ZAPATO
Waypoint

SENDAxCARRETERA

SENDAXCARRETERA
Waypoint

PUERTA

Waypoint

POSTE SALIDA 5ª etapa

POSTE SALIDA
Waypoint

POLIGONO INDUSTRIAL

1 comment

  • Fénykép AlvaroHuete

    AlvaroHuete 2019.03.03.

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    Han vayado mucho tramo por el que se pasaba anteriormente en esta ruta obligando a hacer varios kms en senda por carretera. Vistosamente la ruta es pobre teniendo su mayor encanto al principio debido a las zonas de trashumancia y pasto de ganado bovino, la zona de la antigua mina de la rosa y un tramo cerca del río campana. Por lo demás no es una ruta pintoresca especialmente.

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